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La masonería operativa, en el ejercicio de su Oficio ritual y material,
sólo reconocía dos grados en el eventual progreso de un francmasón:
el de Aprendiz, que se adquiría tras la
Iniciación, junto al conocimiento de los primeros
"secretos" de la profesión, y el de Compañero u oficial,
que permitía el ejercicio pleno del Arte Real; reservándose el apelativo
de Maestro al director de Obra o presidente del Taller, escogido entre
los compañeros más hábiles y capacitados.
En 1714, se produce un hecho que iba a cambiar el devenir de la Orden de un modo decisivo.
En la ciudad de Londres siete Compañeros francmasones, entre los que
se encontraba James Anderson, capellán de
la Catedral de San Pablo, fundan
una Logia, sin autorización de la vigente jerarquía “operativa”, lo
que conlleva su expulsión de la antigua estructura. Su gesto, motivado
por las necesidades espirituales y filosóficas del ya mayoritario
sector de masones “aceptados” (los no ligados al oficio de la construcción,
pero acogidos como miembros de las logias), iba orientado hacia la
reforma profunda de la Orden, definiendo como fines
de la misma la mejora moral y espiritual de la Humanidad mediante la construcción
del Templo de la Virtud
y la Razón,
utilizando, por tanto, herramientas simbólicas. Nace así la
Masonería Especulativa, que es la que llega a nuestros
días, predominando en ella la reflexión, el debate y el estudio, con
mayor o menor proyección hacia la sociedad. De 1721
a 1738 se suceden las ediciones de las denominadas
Constituciones de Anderson, en las que se
compendia el nuevo proyecto y se incorporan novedades, como la consideración
de la Maestría en un nuevo grado,
personal e independiente del cargo, y se le dota de contenido ritual
y simbólico.
Este libro dará lugar a la Masonería Especulativa
–forma actual en que se expresa esta Orden iniciatica–,
ya
El libro de las Constituciones de
1723, con el que trabaja, fue impreso por William Hunter
en Londres, tenía 92 páginas y constaba de cuatro partes: historia;
obligaciones de un masón ("extraidas
de los antiguos archivos de las logias de ultramar, y de las de Inglaterra,
Escocia, e Irlanda"); reglamentos generales ("compilados
por G. Payne en 1720") con un post–scriptum
sobre la manera de constituir una nueva Logia; y cantos masónicos
con sus partituras.
Tienen interés estas Constituciones, no sólo para valorar el
estudio que Anderson realizó sobre los Old Charges, en los
que su Constituciones está basado sino también las adaptaciones
que intentó introducir, muchas de las cuales fueron rechazadas por
la mayor parte de las Logias inglesas hasta que modificó muchas de
sus innovaciones adaptándolas a la
Tradición y publicando finalmente unas Constituciones
reformadas (1738) cuya rectificación más importante es la división
en tres efectuada con los grados masónicos, asunto que por algún motivo
inexplicable había reducido a dos; como se sabe, esta influencia de
las Logias "Antiguas" continuó ejerciéndose sobre las "Modernas"
al punto de que sólo en 1813 se unificaron, después de que se hubiera
proveído la nueva Masonería, llamada Especulativa, de las ideas y
ritos tradicionales de los "Antiguos" y retornase así la
Orden a su función iniciática.
Vistas después de más de dos siglos, las
constituciones de Anderson resultan netamente
cristianas, a pesar del fondo mitológico y pagano en que se desarrolla
la historia masónica. Con ojos post–conciliares
no parece que hubiese en las diferencias entre protestantes y católicos,
y particularmente en lo referido al tema en que la deidad es invocada,
algo más que matices sobre un mismo asunto. Empero, estas Constituciones
marcan la separación de la
Masonería y la
Iglesia, –ya que en ellas y a partir de ellas la Orden no se identificaría con una sola confesión
cristiana, ni se sometería al poder de Roma–
que se dió por la fuerza de los acontecimientos y el necesario "aggiornamento"
que permitió la Iniciación a gran número
de cristianos reformados, lo que posteriormente facilitó el ingreso
de judíos, islámicos, etc. en distintas logias de diversos lugares
geográficos, incluso en el Oriente, especialmente India y China, conformándose
una Masonería verdaderamente universal, es decir auténticamente católica,
valga la paradoja
DR. JAMES ANDERSON
Se le cree oriundo de Escocia
probablemente de la población de Aberdeen. Era el segundo hijo de James Anderson,
que era un miembro de una familia rural de Aberdeen
de la que solo existen datos desde poco antes de 1670. El joven James
fue educado en la Universidad de Marischal (ahora parte de Aberdeen
Uni.), y recibió en este centro académico
sus masteres y posiblemente también su Doctorado de Teología.
En 1710 durante su estancia
en Londres, se ordenó como ministro de la iglesia de Presbiteriana
de la calle del trago. Desde 1734 ejercito su labor pastoral entre Regent Street y la iglesia de la calle de Lisle
a la que estaría vinculado y en donde desarrollaría su magisterio
hasta su muerte.
Los expedientes de su iniciación
en la Francmasonería
se remiten a una Logia de la que era
miembro en Wesminster probablemente en 1717. El primer expediente que
se refiere a su actividad es de 1721, y en se indica cuando le ordenaron acomodar las viejas
constituciones góticas... en un nuevo y mejor método. En 1723 presentó
el resultado de sus trabajos como las Constituciones de los Francmasones para el uso en las Logias. Este volumen pequeño
que el Dr. Anderson presenta en 1723, un
opúsculo de 91 páginas contiene un prefacio de Dr. Desaguliers,
los deberes, una aportación de George Payne y 39 regulaciones
generales. La segunda edición de Anderson
(1738) es un volumen de 230 páginas . Anderson a través
de sus dos ediciones introdujo varios términos de la albañilería operativa
escocesa. Es la primera constitución
moderna reguladora de la masonería
"The Constitutions of the free-masons.".
Estos textos tienen cuatro partes: una historia legendaria de la orden
y del arte masónico, los llamados "deberes", un reglamento
para las logias y los cantos para los tres grados iniciales. La parte
más importante es la relativa a los "deberes", en la que
establece como pilar fundamental la creencia en el "Gran Arquitecto
del Universo", aunque en otros artículos procura marcar distancias
con el cristianismo a través de unas referencias al esoterismo, el
secreto y al relativismo, junto a un deísmo iluminista. Esos componentes filosóficos ocasionaron, casi
enseguida, la primera escisión: la
Logia de York,
de carácter más esotérico que la de Londres, más racionalista.
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