Verkami lanza una campaña de financiación para editar y recuperar sus obras.

Lorenzo Victoriano Aguirre Sánchez (1884-1942) personifica la tragedia de una generación de intelectuales y artistas españoles cuya brillante carrera fue truncada por la represión política. Nacido en Pamplona y alicantino de adopción desde los cuatro años, Aguirre fue un creador excepcionalmente polifacético: pintor, cartelista, escenógrafo, periodista y alto funcionario de policía. Formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en los talleres de la Gran Ópera de París, alcanzó renombre internacional al obtener la Medalla de Oro en la Exposición de Artes Decorativas de París en 1925.

Su pertenencia a la masonería fue un pilar de sus ideales democráticos. Lorenzo Aguirre se inició en la Logia Occidental n.º 1 de Valencia el 12 de febrero de 1937. Los informes de aplomación lo describían como un hombre de ideas democráticas, amplia cultura y notable solvencia moral.

Su compromiso con la República lo llevó a ocupar cargos de máxima responsabilidad, como Jefe Superior de Policía de Madrid y subdirector general de Seguridad. Tras un breve exilio en Francia, regresó a España en 1940 huyendo de la invasión nazi, pero fue capturado y finalmente ejecutado a garrote vil en la cárcel de Porlier el 6 de octubre de 1942.

En 1947 fue investigado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Al no conseguir establecer su «condición de masón» archivaron el expediente de un hombre que llevaba cinco años muerto.

Su activismo no solo fue político, sino también estético. En su obra Luz divina (1922), aunque propiedad del Prado, se encuentra adscrita y expuesta en el Museo Reina Sofía, el tratamiento de la luz ha sido interpretado por analistas como una metáfora de la iluminación espiritual y el conocimiento como fuente de liberación, conceptos profundamente ligados a los ideales masónicos y laicos de la época.

La vida de sus hijas tras la ejecución estuvo marcada por la penuria y el estigma. Francisca (Paca), Jesusa (Susy) y Margarita sufrieron la humillación de pedir clemencia de rodillas ante la hija de Franco, sin éxito. Tras quedar huérfanas, vivieron años de extrema precariedad en un convento para hijas de presos, pero lograron transformar ese dolor en arte: Francisca Aguirre se convirtió en una de las poetas más ilustres de España, recibiendo el Premio Nacional de las Letras en 2018, mientras que Jesusa Aguirre siguió la estela pictórica de su padre.

Un hito fundamental para la preservación de su memoria se produjo en enero de 2024 con la donación de su legado al MUBAG (Museo de Bellas Artes Gravina) en Alicante. La familia Grande-Aguirre entregó un conjunto de 115 piezas que incluyen 39 pinturas, 73 dibujos y bocetos, carteles y objetos personales. Esta «colección más íntima», que abarca desde retratos familiares hasta paisajes de Moraira y Le Havre, ha permitido al MUBAG convertirse en el principal custodio de su obra y organizar la exposición retrospectiva «Modernidad y valentía» en 2025.

Actualmente, la plataforma Verkami acoge la campaña de micromecenazgo «Colores contra la dictadura», impulsada por la editorial Llibres de L’Encobert. El objetivo es financiar la edición bilingüe de La cucarachita presumida y otros cuentos de Porlier, un álbum que rescata los tres cuentos que Aguirre escribió e ilustró con acuarelas desde la prisión para despedirse de sus hijas antes de morir. Esta iniciativa busca rescatar del olvido la última lección de ternura y libertad que el pintor legó en medio de la oscuridad de la posguerra.

 

Equipo de Comunicación de la GLE