Han pasado ya algunos meses desde que iniciamos una nueva etapa en la Gran Logia de España. El tiempo transcurrido nos permite mirar aquel momento con una perspectiva diferente y, sobre todo, empezar a comprobar algo que entonces era apenas una voluntad: el camino que decidimos recorrer juntos comienza a tomar forma.

Toda institución viva atraviesa momentos de debate, de elección y de contraste entre distintas maneras de entender el futuro. Es natural que así sea. La diversidad de criterio no debería preocuparnos; lo verdaderamente importante es lo que somos capaces de hacer después con ella.

Y estos meses nos están enseñando que es posible volver a encontrarnos.

No porque hayan desaparecido todas las diferencias, ni porque debamos aspirar a pensar de la misma manera. La Fraternidad no consiste en la unanimidad. Consiste, precisamente, en saber convivir con la diferencia sin convertirla en distancia; en escuchar al otro sin necesidad de renunciar a nuestras propias convicciones; en comprender que una Obediencia se fortalece cuando sus distintas sensibilidades son capaces de trabajar sobre un mismo proyecto.

Poco a poco estamos recuperando espacios de encuentro, conversaciones, proyectos y voluntades. Estamos aprendiendo nuevamente a mirar más aquello que podemos construir juntos que aquello que en algún momento pudo separarnos.

Ese debe ser nuestro horizonte.

La Masonería nos enseña que ninguna obra importante se levanta de una sola vez. Cada piedra necesita ser trabajada y cada elemento ocupa un lugar distinto dentro del edificio. También una institución se construye así: con paciencia, con perseverancia y con la aportación de muchos.

Por eso este es un tiempo para sumar.

Sumar experiencia y nuevas ideas. Tradición e innovación. La visión de quienes llevan muchos años trabajando en nuestras Logias y el impulso de quienes acaban de incorporarse. Sumar las capacidades de cada Hermano, las iniciativas de cada Taller y la diversidad de nuestras Provincias.

Pero para construir juntos necesitamos también tolerancia.

No una tolerancia entendida como indiferencia ante lo que piensa el otro, sino como respeto activo. Escuchar antes de juzgar. Preguntar antes de suponer. Aceptar que podemos discrepar sin convertir al discrepante en adversario.

En nuestras Logias lo practicamos constantemente. Hermanos de edades, profesiones, procedencias y maneras de pensar muy diferentes se sientan juntos, trabajan juntos y aprenden juntos. Esa experiencia constituye uno de los mayores patrimonios de la Francmasonería y quizá también una de las aportaciones que podemos ofrecer a una sociedad cada vez más acostumbrada a dividirse en posiciones irreconciliables.

A la Fraternidad y a la tolerancia debemos añadir necesariamente la solidaridad.

Porque aquello que construimos dentro de nuestros Templos debe proyectarse fuera de ellos. Nuestra preocupación por el Hermano que atraviesa una dificultad, nuestra beneficencia, nuestra participación en iniciativas sociales y nuestro compromiso con quienes necesitan ayuda son formas concretas de convertir los valores en acción. La Fraternidad se reconoce mejor en los hechos que en las palabras.

También esta nueva etapa de El Oriente quiere formar parte de ese proceso. Queremos que nuestra publicación sea cada vez más un lugar de encuentro: un espacio donde la Gran Logia informe, pero también donde las Logias puedan mostrar su trabajo; donde conozcamos las iniciativas que nacen en nuestros Talleres; donde circule el conocimiento, se compartan experiencias y podamos reconocernos en la diversidad de nuestra Obediencia.

No se trata únicamente de comunicar más. Se trata de comunicarnos mejor entre nosotros.

Seis meses después, el camino apenas ha comenzado, pero ya podemos distinguir su dirección. Hay mucho por hacer y seguramente habrá dificultades, errores y momentos en los que tengamos que rectificar. Eso forma parte de cualquier construcción que pretenda perdurar. Lo importante es que avancemos juntos.

Con la serenidad necesaria para escucharnos. Con la tolerancia suficiente para aceptar nuestras diferencias. Con la solidaridad que convierte la Fraternidad en hechos. Y con la convicción de que cada uno de nosotros tiene algo que aportar a la obra común.

Volver a encontrarnos no significa regresar al punto de partida. Significa reconocernos de nuevo para poder avanzar juntos.

Y ese camino, poco a poco, ya hemos empezado a recorrerlo.

Septiembre 2026

M.R.G.M. Shaun Parsons Herrera