Sant Jordi nº 2: de los orígenes a la Tenida 470

Hay Logias cuya historia discurre paralela a la de una Obediencia y otras que, en determinados momentos, contribuyen a escribirla. La Respetable Logia Sant Jordi nº 2, al Oriente de Girona, pertenece a estas últimas. Su trayectoria conduce directamente a los primeros pasos de la Masonería regular española contemporánea y explica, en parte, cómo volvió a levantarse una estructura masónica regular en nuestro país después de cuatro décadas de prohibición y persecución.

Para encontrar sus orígenes hay que cruzar los Pirineos y regresar a 1978. España avanzaba entonces en su transición hacia la democracia, aunque la Francmasonería todavía tendría que esperar hasta 1979 para recuperar plenamente su legalidad. En ese contexto, masones españoles y franceses vinculados a la Grande Loge Nationale Française (GLNF) y a su Gran Logia Provincial de Occitania comenzaron a trabajar en un proyecto destinado a restablecer la Masonería regular en España. De aquellas conversaciones surgiría la futura Gran Logia de Distrito de España.

Sant Jordi nació bajo esos auspicios. Su primera Tenida se celebró en Perpiñán el 11 de noviembre de 1978, con el número 227 de la GLNF. Entre sus fundadores figuraba quien sería su primer Venerable Maestro y una figura inseparable de sus primeros años: Jean A. Crozet.

Crozet imprimió a Sant Jordi una personalidad que todavía hoy puede reconocerse: rigor en el trabajo, especial cuidado del ritual, vocación formativa y una concepción de la Masonería que exigía compromiso. Durante años insistió en el conocimiento preciso del ceremonial y, muy especialmente, en una de las características esenciales del Rito de Emulación: el trabajo de memoria. Todavía en 1995 recordaba a los Hermanos que quienes participaban activamente en la ceremonia no debían llevar el ritual en la mano: Emulación debía conocerse y practicarse de memoria.

No era una preocupación estética. Para aquellos primeros Hermanos, aprender el ritual constituía una forma de disciplina y perfeccionamiento personal.

Esa identidad explica otro elemento fundamental de la historia de Sant Jordi: fue la primera Logia en introducir y practicar el Rito de Emulación en la Masonería regular española contemporánea. La decisión de trabajar según este rito partió de la GLNF, tras consultar las recomendaciones de la Gran Logia Unida de Inglaterra. Su relevancia en la implantación de Emulación en España ha quedado reconocida incluso en el propio Ritual oficial de Emulación de la Gran Logia de España, que menciona expresamente el papel desempeñado por Sant Jordi.

Pero la Logia no se limitó a practicarlo. Lo difundió. Sus Hermanos participaron activamente en el nacimiento y desarrollo de otras Logias de Emulación: Fraternidad Universal nº 5, en Madrid; Germanías nº 8, en Valencia; Fidelitas nº 10, en Barcelona; la Logia de Investigación Duque de Wharton nº 18, en Madrid; Acacia nº 19, en Barcelona, e Iod nº 20, en Terrassa. El libro conmemorativo lo resume de una manera elocuente: cuando era necesaria la presencia de un Hermano de Sant Jordi, allí estaba.

Su historia está igualmente unida al nacimiento de la propia Gran Logia de España. En 1980, las actas de Sant Jordi ya recogen las Ordenanzas de la Gran Logia de Distrito de España y, poco después, su inscripción en el Registro de Asociaciones. Cuando aquella estructura alcanzó la independencia y se constituyó la Gran Logia de España, Sant Jordi dejó de ser la nº 227 de la GLNF para convertirse en Sant Jordi nº 2 de la GLE. En mayo de 1983, Luis Salat Gusils entregó personalmente a la Logia su nueva Carta Patente, expedida por la recién constituida Gran Logia de España.

También hay en su historia lugares cargados de simbolismo. Durante una etapa, Sant Jordi celebró sus Tenidas en Isaac el Cec, en pleno Call de Girona, en un conjunto medieval relacionado con la tradición cabalística de la ciudad y cuya restauración obtuvo en 1984 el premio Europa Nostra.

Y hay una permanente vocación de viajar y visitar otros Talleres. Los Hermanos de Sant Jordi han trabajado junto a numerosas Logias españolas y francesas y han llevado sus mandiles mucho más lejos. En Londres visitaron la Emulation Lodge of Improvement, referencia mundial para quienes practican Emulación, y la Campbell Lodge. A ellas se añadirían otros encuentros, entre ellos el mantenido con la Asap 1615 de Londres.

Especialmente significativa fue la visita a Edimburgo. Una delegación participó en una Tenida de la histórica Canongate Kilwinning nº 2, cuyo templo permanece prácticamente inalterado desde 1736, y visitó también Mary’s Chapel nº 1, cuyos libros de actas se remontan a 1599, además de la Gran Logia de Escocia y la célebre Rosslyn Chapel. Son viajes que expresan algo más profundo que la curiosidad histórica: la fraternidad masónica adquiere una dimensión diferente cuando se trabaja en otros Templos y se comprueba que una tradición común puede atravesar lenguas y fronteras.

De Perpiñán a Girona; de la GLNF a la Gran Logia de España; de aquellos ocho fundadores a las generaciones que después ocuparon sus Columnas. Más de cuatrocientas Tenidas contienen iniciaciones, instalaciones, momentos difíciles, celebraciones, beneficencia, formación, viajes y miles de horas de trabajo compartido.

Pero una Logia no puede vivir únicamente de su historia.

Hoy, cuando Sant Jordi nº 2 alcanza su Tenida 470, sus Columnas muestran un notable vigor. Nuevos Hermanos se incorporan al Taller, otros asumen responsabilidades y una nueva generación recibe aquello que las anteriores conservaron y transmitieron.

Quizá esa sea la verdadera medida de una Logia: poder mirar con orgullo hacia atrás sin dejar de trabajar hacia delante.

Después de casi medio siglo, Sant Jordi continúa haciendo lo mismo que hicieron sus fundadores en 1978: abrir sus trabajos, transmitir el oficio y preparar la siguiente piedra. Su historia es importante. Su futuro, todavía está por escribir.