Hay momentos en la vida de una institución en los que se percibe con claridad que se abre una nueva etapa. No porque se rompa con lo anterior, sino porque, desde la fidelidad a los principios que nos sostienen, surge una renovada voluntad de construir.

Creo que la Gran Logia de España vive uno de esos momentos.

Mi instalación como Gran Maestro el pasado 14 de marzo ha sido, para mí, motivo de profundo honor, pero sobre todo ocasión de reflexión sobre el sentido del servicio y la responsabilidad que entraña recibir la confianza de los Hermanos para custodiar y proyectar nuestra Obediencia hacia el futuro.

En estas mismas fechas, mi instalación como Primer Principal en la Gran Asamblea del Arco Real ha venido a recordarme —y a recordarnos— que nuestra tradición no es una herencia inmóvil, sino una corriente viva que sigue iluminando nuestro trabajo y nuestro compromiso.

Desde esa conciencia, hemos comenzado una nueva etapa orientada a fortalecer la vida institucional de la Gran Logia de España. Estamos fortaleciendo nuestras estructuras, reordenando la administración e impulsando instrumentos necesarios para nuestro tiempo, como la implementación de una nueva intranet destinada a mejorar la comunicación, el servicio y la cohesión de nuestra Obediencia.

Son pasos quizá discretos, pero fundamentales. Porque las grandes obras rara vez se levantan con estrépito; suelen nacer del trabajo constante, del método y de la perseverancia.

A esta labor interna se une una renovada proyección exterior. Mi próximo viaje a Sudáfrica, con ocasión de las Conferencias Mundiales de Grandes Logias Regulares, representa una valiosa oportunidad para reafirmar la presencia de la Gran Logia de España en el escenario internacional. No se trata solo de estar presentes, sino de participar, aportar y fortalecer los lazos fraternales que unen a la Masonería regular en el mundo.

Nuestra tradición nos enseña que toda construcción verdadera comienza en el interior, pero no concluye allí. El Templo se edifica dentro de cada uno, sí, pero también en la obra común que levantamos juntos.

Hoy ese trabajo continúa.

Con serenidad.
Con unidad.
Con propósito.

Porque tradición y renovación no se contradicen; se complementan. Una da raíces. La otra da impulso.

Y acaso esa sea una buena imagen para este tiempo que vivimos: seguir construyendo, sin prisa pero sin pausa, con paciencia de artesano y mirada de arquitecto.

Piedra a piedra.

Como siempre se han levantado las obras destinadas a permanecer.

 

MRH Shaun Parsons-Herrera, GM de la GLE