Tras casi tres décadas de servicio a la Gran Logia de España, he asumido con profunda gratitud, humildad y sentido de la responsabilidad el cargo de Gran Hospitalario de la Gran Logia de España y de Presidente del Consejo de Beneficencia y Solidaridad. Lo hago con la convicción de que este servicio no es un reconocimiento personal, sino una llamada a trabajar con mayor entrega por uno de los pilares más nobles de nuestra Orden: la fraternidad hecha acción, el servicio y la ayuda al prójimo.

Lo asumo con gran agradecimiento a los que me han precedido, especialmente a nuestro Hermano Antonio Gómez, pasado Gran Hospitalario, el cual ha ejercido su labor con una generosidad y humanidad ejemplar. Y también a los que han confiado en mi persona dicha responsabilidad, especialmente al Gran Maestro Shaun Parsons-Herrera, el cual se ha propuesto poner la solidaridad y la beneficencia en un lugar importante en la masonería española.

Aldeas Infantiles, en la ciudad de Telde, Las Palmas

En la última reunión del Consejo de Beneficencia, todos estuvimos de acuerdo en que la hospitalidad, en su sentido más auténtico, no se limita a un gesto puntual de ayuda, sino que constituye una actitud constante de atención hacia quien más lo necesita. Es la expresión viva de nuestros valores, llevados más allá de la palabra y convertidos en hechos concretos que transforman vidas. No sólo las vidas de las personas más cercanas a nuestra Orden, a las cuales, con discreción y suma atención, intentamos ayudar en momentos difíciles, sino también la vida de muchos beneficiarios que, aun no estando en relación directa con nosotros, disfrutan de nuestro apoyo siempre incondicional. En este último año, hemos podido ayudar a diferentes instituciones, tanto de nuestro país como fuera del mismo, para apoyar sus causas solidarias y hacer con ello de un mundo bueno, un mundo mejor. Esto solo es posible gracias a la generosidad de todos nosotros.

En este camino, no partimos de cero. Otras obediencias hermanas, como la Gran Logia Unida de Inglaterra, han desarrollado estructuras sólidas y eficaces que les permiten canalizar la generosidad de sus miembros con gran impacto social. Con un presupuesto anual de casi treinta millones de euros, esta Obediencia es todo un ejemplo a seguir. Esta realidad no debe ser motivo de comparación estéril, sino de inspiración: una prueba de lo que es posible cuando la voluntad colectiva se organiza y persevera. Y nuestra intención en este nuevo tiempo es movilizar esa voluntad y hacer pedagogía para clamar a la generosidad de todos.

El Tatu Project apoyó amueblar la escuela infantil situada en el Serengeti, Tanzania

Nuestra aspiración es avanzar en esa dirección, adaptándola a nuestra realidad y fortaleciendo progresivamente nuestra capacidad de ayuda. Para ello, uno de los proyectos clave en los que seguimos trabajando es la activación de la Fundación Acacia. La Fundación Acacia quiere nacer de nuevo con un propósito claro: convertirse en una herramienta útil, transparente y ágil que permita gestionar las donaciones de manera eficiente y con total garantía. Queremos que cada aportación realizada por los hermanos tenga un recorrido claro, una trazabilidad medible y confiable; que sepamos no solo cuánto damos, sino también a quién ayudamos y de qué manera concreta estamos marcando la diferencia.

La transparencia no es solo una exigencia de nuestro tiempo, sino también una expresión de coherencia con nuestros principios. Y la agilidad es imprescindible para responder con eficacia a las necesidades que surgen, muchas veces de forma urgente.

Apoyo a la Asociación de Padres y Madres de Personas con Diversidad Funcional en la renovación y reapertura de las instalaciones terapéuticas Fuensocial, en Fuengirola, Málaga

Sin embargo, ninguna estructura, por bien diseñada que esté, puede cumplir su misión sin el compromiso activo de quienes la sostienen. Por eso, me dirijo a todos vosotros no solo como Gran Hospitalario, sino como un hermano más, para invitaros a participar en este impulso renovado de la beneficencia. Cada aportación cuenta. No se trata únicamente de grandes donaciones, sino de la suma de muchos gestos conscientes. Cuando la fraternidad se traduce en acción colectiva, su fuerza se multiplica de forma extraordinaria.

Os animo, por tanto, a formar parte activa de este proyecto. A contribuir en la medida de vuestras posibilidades y, sobre todo, a sentir como propio este camino que estamos construyendo juntos. Porque al final, la verdadera grandeza de una institución no se mide solo por su historia o sus símbolos, sino por su capacidad de aliviar el sufrimiento, de acompañar en la dificultad y de aportar luz allí donde más se necesita.

Mientras activamos la Fundación Acacia, no dudéis en ser generosos en vuestros respectivos troncos de la viuda. También con las cuentas de Hospitalidad de las Provincias y de la general de nuestra orden, desde la cual el Consejo de Beneficencia puede apoyar cualquier tipo de iniciativa: ES08 2100 1188 6102 0013 8478. Todas las iniciativas serán escuchadas, y el buzón de correo en que os podéis dirigir para ello es ghospitalario@gle.org

Agradecidos siempre, recibid un fraternal abrazo

RH Javier León – Gran Hospitalario de la GLE